miércoles, 21 de septiembre de 2016

"Cada vez leo menos"

"Cada vez leo menos", dice Cristina, de 4º E. "Antes leía un montón", se lamenta Helena, de 4º D, con gesto contrariado. Lo dicen los estudios sobre hábitos lectores de los adolescentes y lo constatamos curso tras curso en las aulas. A partir de los 13 o 14 años se produce una creciente desafección a la lectura entre quienes hasta entonces constituían la franja más lectora de la sociedad. Y este alejamiento de los libros se da en todo tipo de lectores, desde los más compulsivos a los más reticentes. Las causas son innumerables, y van de las nuevas formas de ocio al mayor peso de las tareas escolares, pero resulta inevitable preguntarnos qué podemos hacer desde las clases de literatura para fomentar el hábito lector; para desarrollar, también, las habilidades de interpretación.

Una de las primeras actividades que hago con mis estudiantes en los primeros días de curso es llevarlos a la biblioteca y, sentados en círculo, invitarlos a que compartan con los demás sus libros favoritos. Al hilo de cada intervención va surgiendo quiénes son lectores empedernidos (lectoras empedernidas, más bien) y quiénes huyen de los libros como el gato escaldado del agua. "Una vez leí un libro", recuerda Dani. Y no podemos evitar reirnos.

Pero la fotografía nunca es en blanco y negro.


Los hay, claro, que aún leen con fruición. Mirado con generosidad, casi un tercio de la clase. Muchas chicas fueron ávidas lectoras de Laura Gallego a sus 11 y 12 años. Dejaron ya la fantasía y ahora están entregadas a la literatura juvenil de corte romántico: En los zapatos de Valeria, Tal vez mañana, The list, Los chicos del calendario y un largo etcétera. No faltan tampoco las lectoras de After y 50 sombras de Grey. Algunas se inclinan por la novela que ellas mismas denominan "psicológica" (Brújulas que buscan sonrisas perdidas, Mi corazón en los días grises, Dímelo con los ojos, etc.), porque "les llaman" -subrayan- los personajes perdidos, aquejados incluso de alguna enfermedad. Devoraron y devoran a John Green. Amor, dolor y pérdida son algunos de los temas por los que sienten más atracción.



Son, en general, lectoras de un solo género. Es verdad que hay excepciones, pero en este caso el grupo es ya mucho más reducido: cinco o seis personas por clase (de un total, ¡ay!, de treinta y tantos). Son los lectores fuertes, de lecturas mucho más diversificadas, capaces de saltar de la literatura juvenil a la literatura de adultos sin dificultad alguna. Citan como libros preferidos El señor de los anillos, La ladrona de libros, La ciudad de las bestias, Sherlock Holmes, Causa justa, El curioso incidente del perro a medianoche, El retrato de Dorian Grey o El señor de las moscas. Algunos son devotos del manga. Y unos pocos, lectores también de poesía.

Otro grupo aún más numeroso, aquí sí un tercio cumplido, confiesa leer cada vez menos. "No es que no me guste leer -dice Madalin-, pero no suelo hacerlo". "Me gusta leer -afirma Paula-, pero no leo mucho". Para que lo hagan tiene que cruzarse en su camino un libro que de verdad les interese. ¿Qué ingredientes ha de tener para que esto ocurra? O bien mucha intriga y suspense, o bien realismo adolescente: El fantasma de la draga, El príncipe de la niebla, La chica del tren, Canciones para Paula. Leen lo que se prescribe en el instituto, lo que recomienda algún amigo, lo que ocasionalmente les regalan... Poco más. Pero tampoco se dan por perdidos.




Y luego están los objetores. Aquellos que no leen más que lo que en su día les obligaron a leer en el instituto (aunque quieren dejar constancia de que no leyeron todo lo que les mandaron). Al preguntarles si alguna vez se sintieron atrapados por un libro hay quienes se remontan a 1º de ESO y rescatan El valle de los lobos, de Laura Gallego o a 2º, y recuerdan Hoyos o Rebeldes (aunque solo uno se animó a leer después La ley de la calle). De 3º salvan Marina, de Ruiz Zafón. Y algún repetidor de 4º recomienda El chico que encontró la felicidad, Monstruo de ojos verdes o Crimen y Castigo en su versión adaptada.

Un panorama complicado, sin duda. ¿Cómo enganchar a la lectura a los no lectores? ¿Cómo sacar de su encasillamiento a las devotas del género romántico (y cómo cuestionar los estereotipos de género y los modelos amorosos de sus títulos favoritos sin lastimar ni su imagen personal ni su autoestima lectora)? ¿Cómo inclinar del lado de la lectura a quienes tan cerca están de los libros como de su definitivo abandono?

La escuela puede influir y mucho -nos dice Mireia Manresa- en el desarrollo de los hábitos lectores en la adolescencia. Las propuestas educativas, cuando son acertadas, dejan huella. Inciden además en todo tipo de lectores: los más compulsivos, los más moderados, los más reticentes. Pero no vale cualquier intervención: las hay fecundas y las hay improductivas, las hay oportunas y las hay también absolutamente contraproducentes. Solo desde un conocimiento sólido de los hábitos lectores de los adolescentes -considerados tanto individual como colectivamente- puede la escuela afinar sus estrategias y programar su intervención de manera que atienda a este triple objetivo: frenar la creciente desafección a la lectura constatada en los años de la adolescencia, sacar a los jóvenes lectores de su inevitable encasillamiento, y proveerlos de criterios de selección más allá de las modas del mercado y de habilidades de interpretación que les permitan salir del escueto "me gusta" o "no me gusta" sostenido a menudo por la capacidad de las obras de favorecer lecturas identificativas. 


La responsabilidad es, por tanto, inmensa: ¿Cómo construir itinerarios de progreso para todos ellos? ¿Qué objetivo debe prevalecer en la selección de las lecturas? ¿Qué forma de acompañamiento puede ser la más acertada? ¿Qué hacer, después, con lo leído?


2 comentarios:

  1. Hola, estoy aplicando el modo de conversación literaria "Dime" de Aidan Chambers en un club de lectura para adultos y me funciona bastante bien. Podría ser una opción interesante para aplicar en tertulias literarias con jóvenes. Qué opinas? Gracias por el blog, muy interesante!

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  2. ¡Por supuesto! El libro de Aidan Chambers es una joya. También yo lo recomiendo vivísimamente como brújula para dinamizar coloquios de lectura en Secundaria. Gracias, Júlia, por traer aquí una referencia tan pertinente.

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