lunes, 18 de junio de 2018

¿Y si empezamos a desmontar la LOMCE por los currículos?

"Hay que derogar la Lomce. Mientras, hay que adoptar medidas urgentes para suspender sus efectos más nocivos como las reválidas", rezaba un tuit de la Ministra Celáa de noviembre de 2016 que estos días inunda las redes. Adelante. Y a continuación, ¿por qué no empezar a desmontar la LOMCE hincándole el diente a los currículos? La propuesta tiene tres puntos a su favor: es técnicamente posible, podría concitar un gran consenso de partida, y mejoraría con efecto inmediato las condiciones de aprendizaje de los estudiantes.

Técnicamente es posible. Los currículos se fijan en un real decreto, y por tanto no necesitan pasar por el Parlamento para derogarse o promulgarse. Hay precedentes. La Ley Orgánica de Calidad de la Educación con que el Partido Popular puso punto final a la LOGSE en diciembre de 2002 vino precedida del Real Decreto 937/2001 que modificaba el currículo de Educación Secundaria Obligatoria o del Real Decreto 3474/2000 por el que se modificaba la estructura de bachillerato y sus enseñanzas mínimas, entre otros. A diferencia de entonces, el objetivo ahora no es sustituir las preferencias de unas minorías parlamentarias por las de otras, sino, bien al contrario, procurar un consenso que sustraiga lo que se aprende en las escuelas a los vaivenes políticos.

Frente a otros aspectos de la LOMCE no menos importantes aunque sí más proclives a la confrontación, para este debate partimos al menos de un punto inicial de acuerdo: los actuales currículos son inabarcables, trasnochados en muchos de sus postulados y caóticos. Inabarcables en su exhaustividad: listados enciclopédicos clasificados por asignaturas por los que se cabalga al galope sin respetar los ritmos de los aprendices y sin poder alumbrar apenas -salvo contadas excepciones- proyectos de trabajo que integren y den sentido a los diferentes contenidos. Ante la imposibilidad de abarcarlo todo, acaban por imponerse los consagrados por las rutinas escolares y por quienes están detrás de las editoriales de libros de texto. Son trasnochados porque no dan respuesta a las necesidades formativas de niñas, niños y adolescentes y a los desafíos del mundo en que vivimos. Ni siquiera, en muchos casos, a los avances de las disciplinas de referencia. Y son caóticos porque han sido concebidos como un conjunto de piezas aisladas que pretenden ensamblarse sin coherencia alguna entre las partes. Cómo pretender así miradas globalizadas y transdisciplinares si quienes los fraguaron jamás trabajaron en equipo.

Los decretos curriculares, con ser una de las dimensiones de la legislación educativa que tiene un efecto más directo en el día a día de los estudiantes, suelen gestarse en el silencio más absoluto -sin discusión ni debate, sin luz ni taquígrafos- y a toda prisa. Son las editoriales las que azuzan al gobierno de turno para que se los filtre cuanto antes para tener listos -a menudo también en medio de una precipitación escandalosa- los manuales del próximo curso. Las leyes se suceden pero los libros de texto, casi idénticos a sí mismos, permanecen.

Nos hemos dado de bruces con una coyuntura esperanzadora. Un nuevo Gobierno y una nueva Ministra abren el horizonte a la posibilidad de dar respuesta a esa demanda social -y a ese compromiso parlamentario- de derogar la LOMCE. Pero en este tiempo hemos aprendido también que las cosas no pueden hacerse desde la confrontación y la revancha, y menos aún de espaldas a la ciudadanía. Por eso se nos antoja que iniciar el proceso de derogación de la LOMCE por aquello que suscita de entrada -de entrada al menos- mayores dosis de acuerdo podría ser una manera inteligente y radical de transformar un sistema educativo a todas luces obsoleto y segregador.

Y como el proceso, para hacerlo bien, será lento, proponemos la conformación cuanto antes de equipos de trabajo sólidos, de carácter interdisciplinar, de perfiles diversos, capaces de repensar el diseño curricular de la que haya de ser la nueva ley educativa. Si es verdad que hay coordenadas que irremediablemente han de sostener nuestra vida en común –el feminismo, la ecología, el diálogo intercultural, la Noviolencia-, si hay pilares irrenunciables en una sociedad democrática -la participación, la inclusión, la equidad-, si la cualificación profesional de las nuevas generaciones es tan deseable como su bienestar personal y la cohesión social... los currículos habrán de ser coherentes con estas premisas. Y si el desacuerdo empieza por esos postulados, habrá de arrancar de ahí el diálogo social. Necesitamos tejer conjuntamente los cimientos para que el edificio resultante sea firme y duradero.

Lo que reclamamos, en fin, es que el debate sobre los currículos sea genuinamente democrático y escape al fin tanto a la dejadez y la precipitación como a la presión de unos grupos de poder -político, económico o religioso- que tradicionalmente vienen imponiendo su interesada mirada sobre el mundo a la ciudadanía en general y a la comunidad educativa en particular.

Artículo publicado en El Diario de la Educación

miércoles, 6 de junio de 2018

Y tú, ¿por qué eres negro?


"¿Por qué soy negro?" "¿Qué es ser negro?" "¿Cuál es la construcción social que se hace de las personas negras en Occidente?" Estas tres preguntas vertebran el libro Y tú, ¿por qué eres negro? del fotógrafo Rubén H. Bermúdez, madrileño de Móstoles. Este artículo quisiera ser la crónica de un encuentro -el de Rubén con nuestro alumnado de 4º ESO y 1º bachillerato-, y un alegato en favor de la presencia en nuestros currículos de cuanto tiene que ver con la negritud.

Sabía de Rubén desde hace años. Sabía que era un joven fotógrafo español, hijo y nieto de españoles... y negro. Sabía que Rubén había iniciado un proceso de introspección acerca de lo que significa ser negro en la España de hoy y que su relato, articulado a partir de las imágenes que construían su biografía, antes o después fraguaría en un libro. Sabía también que era muy buen gente.

Imagen del libro de Rubén H. Bermúdez Y tú, ¿por qué eres negro?
 

martes, 29 de mayo de 2018

"Nocturno sin patria": un poema de Jorge Debravo

"Profe, ¿puede ser un poeta de mi país?" Se refería Fabiano a si podía elegir para el recital un poema de un autor de su país de origen, Costa Rica. Tuve la intuición de que estaba pensando en uno muy preciso. Acababa de plantearles la propuesta, y les había llevado a clase un montón de libros de poemas y hasta alguna antología personal fotocopiada. Caí en la cuenta de que había ahí poetas de México, Perú, Argentina, Chile, Uruguay, Nicaragua... pero ninguno de Costa Rica. "¡Por supuesto!", contesté. "¿Y puedo sacar el móvil?" "¡Pues claro" Era un tráfago de textos la clase. Iban leyendo, comentando, intercambiando. Me pedían consejo. Les brillaban los ojos cuando daban con unos versos que los sacudían.

Terminó la clase y Fabiano vino a mí con su compañero Achraf. Fue este quien habló, alborozado. "Profe, ya lo tengo. Este". Y me pasó el móvil. Era un poema de Jorge Debravo, a quien yo no conocía. Y estos sus versos.

Nocturno sin patria

Yo no quiero un cuchillo en manos de la patria.
Ni un cuchillo ni un rifle para nadie:
la tierra es para todos,
como el aire.

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como tiene traje:
que todos tengan tierra
como tienen el aire.

Cogería las guerras de la punta
y no dejaría una en el paisaje
y abriría la tierra para todos
como si fuera el aire...

Que el aire no es de nadie, nadie, nadie...
Y todos tienen su parcela de aire.

lunes, 21 de mayo de 2018

Una antología poética comentada y un recital colectivo



Tras la necesaria inmersión en lo que fue el Fin de Siglo -y aquí Machado- y una aproximación de urgencia a la efervescencia cultural y artística del primer tercio del siglo XX en España, renunciamos a asfixiar a nuestros estudiantes con una artificial sucesión de generaciones literarias en favor de la lectura sosegada y placentera de un puñado de textos. Arrancamos este recorrido con una inmersión en la poesía que nos llevará, impulsados por los poetas del 27, más allá de nuestras fronteras y más allá de los corsés cronológicos que impone el programa. No, no pretendemos que chicas y chicos memoricen obras y autores ni que diseccionen poemas. Nos basta, sencillamente, con que disfruten leyendo poesía y con que seamos capaces de hacer de ello una celebración colectiva.  Esto es lo que les propusimos días atrás y que tan buen sabor de boca nos ha dejado.


  

Paso 1: Elegir un poema. De entre los muchísimos poemas y libros de poesía que irán cayendo en vuestras manos en clase, en la biblioteca o en el Coto, tenéis que elegir uno, solo uno: el que más os guste, el que más os conmueva, el que más os llegue.





Paso 2: Compartir vuestra elección por escrito. Copiadlo en una hoja, presentadnos brevemente a su autor o autora, y comentad el poema de la manera más sencilla y personal que podáis. Acompañad el texto de una ilustración. Os ofrecemos como ejemplo lo que escribieron sobre sus poemas favoritos estudiantes de cursos pasados.


Paso 3: Recitar el poema. Lo haremos por partida doble. En primer lugar, y con ayuda de un programa de sonido (Audacity, por ejemplo), grabadlo sobre una música de vuestra elección. Para ello tendréis que haber ensayado el recitado una y mil veces. Como actividad de cierre del curso, realizaremos un recital colectivo en el aula María Guerrero acompañando algunos de los textos de música en directo.

Os dejamos con algunos de los poetas qué más han gustado a vuestros compañeros y compañeras de otros cursos.




martes, 15 de mayo de 2018

Lecturas en contrapunto

Reiteradamente nos hemos pronunciado en favor del diseño de itinerarios lectores abiertos a la lectura en contrapunto de textos literarios y no literarios. ¿Por qué no poner a dialogar obras literarias y obras plásticas, musicales, cinematográficas, que aunque distantes en el espacio o en el tiempo, abordan una misma cuestión concerniente a la condición humana, por ejemplo? Los vínculos que en nuestra mente trazamos entre unas obras y otras son, a menudo, caprichosos, como caprichosos son los vínculos imaginados por el ser humano entre unas estrellas y otras para dar forma a las constelaciones. El diseño de "constelaciones artísticas" puede contribuir a reconocer la especificidad del lenguaje literario y al cultivo de distintas formas de experiencia estética.

El pasado mes de abril acudimos un año más al teatro Karpas para ver la puesta en escena de La casa de Bernarda Alba. Una vez más, nuestro alumnado quedó subyugado. En el coloquio posterior con las actrices, estas insistían en que cuanto acababan de ver pertenecía la España de ayer mismo. Y al mundo de hoy, pensábamos. Y venía a nuestra cabeza la deslumbrante Mustang, del director turco Deniz Gamze Ergüven.

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¿Por qué no poner a dialogar la obra de Lorca con una obra cinematográfica actual, ambientada en la Turquía contemporánea, y protagonizada por unas muchachas de la misma edad que nuestras estudiantes? Aunque no escapa tampoco a la tragedia, la luz prevalece en esta ocasión sobre las sombras.

No era esta la primera vez que tendíamos puentes entre la literatura de ayer y la filmografía contemporánea. La lectura de la adaptación de Crimen y castigo y el visionado en clase de la película Match Point de Woody Allen, llena de guiños a la novela de Dostoievski, propicia siempre un diálogo enjundioso que nos ayuda a profundizar en la interpretación de una y otra obra, en el lenguaje específico de un arte y otro.



Hace unos años recogimos en el blog de la biblioteca las reflexiones de una de las alumnas a propósito de esta lectura en contrapunto, que aquí enlazamos.