lunes, 6 de febrero de 2017

Fotoperiodistas

El trabajo con los textos del Realismo había de desembocar, según adelantábamos en una entrada anterior, en una exposición colectiva titulada Fotoperiodistas. Cada estudiante tenía que fotografiar con su cámara alguna parcela -paisaje, entorno, persona- de nuestra realidad inmediata para invitarnos a reparar en lo que a menudo escapa a nuestra mirada. La imagen debía ir acompañada de un breve texto que aunara descripción y reflexión. Recojo aquí la serie realizada por Julio- quien gusta de firmar con el pseudónimo de Julio Azor- y que lleva por título "La soledad".

 

LA SOLEDAD
Fotografía y textos: Julio Azor




A través de una ventana cualquiera, de un autobús cualquiera, de una ciudad cualquiera, mira una mujer cualquiera. Ella no sabe si será cosa de los años…de la edad…pero siente que se va muriendo por dentro sin haber dejado nunca huella en nadie…sin la oportunidad de haber vivido en un recuerdo… Está sola... y eso le hace sentir muerta. Piensa que se ha hecho vieja de repente, así de pronto, en un momento raro, en un instante extraño que no tendrá nunca la oportunidad de compartir con nadie. 

Lucía, como siempre, camina solitaria. Cuando le rompieron el corazón por tercera vez, decidió que sería la última vez que sus ojos llorasen por amor a una persona por la que no vale la pena llorar. Ahora, entre las calles de su ciudad, ella camina en silencio, pensando en el pasado, chocándose con un futuro que le resulta inexistente, y clavando su negra mirada de soledad y melancolía, en quien ve su rostro triste entre la gente feliz…en quien logra ver que ella, Lucía, tiene el alma más rota que un ser podría tener.



En un rincón de una estación vieja de tren, entre los pasos de la gente que a todos lados va con prisa…allí, allí está Julia. Está muertecita de miedo. Tiene miedo de quedarse allí sentada en ese sucio suelo de esa estación tan abarrotada de gente. Las voces del mundo, sus pasos, sus ruidos, se le meten a ella en los oídos, que se tapa como rogando que por favor la saquen de allí y dejen todos de caminar cerca suyo sin pararse a mirarla, a ayudarla, a ofrecerla un poco de amor, de techo y comida, de hogar y calor…



Carmen será siempre su mirada. Nadie sabe nunca lo que esta transmite, lo que esta siente, lo que esta piensa, lo que esta imagina ni lo que esta sueña…nadie sabe lo que esconde su mirada, ni siquiera ella. Pero si algo se sabe es que Carmen es eso, su mirada...que nunca sabe lo que está mirando, que llena a quien se cruza con ella de incertidumbre y misterio…que siempre navega sola y que apenas sabe navegar… Carmen será siempre su mirada…




Nicolás se sentía invisible…no había nadie en su vida que le diese su mano, que le saludase al pasar, que le mirase ni un momento, que le respondiese al preguntar. Él se veía en los espejos, pero cada vez dudaba más de si los demás lo hacían…Esa sensación de no importarle a nadie estaba agotando la paciencia del muchacho en todos los intentos de este de demostrarle a los demás que existía…Y a las siete de la tarde, todos los días sin excepción, regresaba al patio de la esquina, derrotado por su invisibilidad, y se sentaba en esa silla a esperar que alguien le viese algún día, que alguien oyese a su alma llorar.


Pedro sigue esperando a que sus padres le vengan al colegio a buscar.



Camilo solo está cansado de vivir. Su mujer ha fallecido y él no sabe a dónde ir.
Lo que le gusta es perderse por las calles de Madrid.

Isabel recuerda cuando ella existía para su marido. Se acuerda de cuando eran jóvenes y él le decía “te quiero” cientos de veces. Recuerda cómo era cuando no tenían problemas y se sentían felices de estar juntos, y cualquier cosa ajena a ese amor escrito con letras mayúsculas sobraba, estaba de más. Hoy se mira así misma de lejos y piensa en lo sola que está, caminando detrás del mismo hombre al que ahora ya no oye hablar y al que ya en la boca no se atreve a besar. Isabel se da cuenta de que como un día escribió un actor de cine que le gustaba “Lo peor en esta vida no es terminar solo sino con alguien que te haga sentir solo”.



Aquella anciana pensativa,
mira a la orilla del mar, de nuevo,
y se imagina otra vez joven,
empezando su larga vida desde cero.



Ismael cree que tiene muchos amigos. Cree que está rodeado de ellos. Sí, cree que los tiene por todas partes. La verdad es que no. Si se viese desde fuera se daría cuenta de que solo tiene un teléfono con nombres de personas que ni son sus amigos ni posiblemente nunca lo serán.

Todos los niños juegan, pero a Pablo le dejan solo. Bueno, él es feliz con su aro…a veces la verdad: mejor solo que mal acompañado.


Pues un día fue un escritor muy conocido. Vendía libros y libros y libros y más millones de libros. Pocas personas se querían quedar sin comprar su obra. Salía en las revistas y en la televisión cuarenta veces al mes. Que si una entrevista. Que si un programa de entretenimiento. Que si publicaba un nuevo libro. En fin… esa es otra historia. Por desgracia su historia actual solo podía se esa que se había negado a ver toda su vida. Una historia pobre, sola, sucia, hambrienta y necesitada de calor, dinero, amor, y algún que otro lector que años atrás le leyó.


En la cafetería número 16 de su calle, leía el periódico junto a una botella de vino a medio beber, con la intención de dejar pasar las horas sin más.

Por poco se ahoga en su pesadilla. Sin que nadie le salve. Sin que nadie le ayude. Menos mal que solo se trataba de un mal sueño, porque casi se ahoga. Recordó entonces que no todo fue naufragar por haber creído que amar…era el verbo más bello…Díselo…le va la vida en ello…le va la vida en ello…
(AUTE)


Al fin comprendió María que algunos desiertos debe cruzarlos ella sola. Decisiva. Con ganas, con fuerza y seguridad. Se puso en pie, y cargada de confianza empezó a andar. Ni sabía a dónde iba, ni de dónde venía, ni lo que quería hacer, ni cómo quería llegar…realmente por no saber no sabía casi nada, pero una cosa tenía muy clara la muchacha, y es que ella debía pasar por eso sola. Cualquier ayuda sería en vano porque ese camino debía cruzarlo en soledad, sin que nadie le acompañase. Así que sin saber nada de nada ni de nadie, se puso a andar. 

 
Thomas estaba ya hasta el gorro de todo. Él lo que quería es que se lo llevara el viento. Que se lo llevase la marea; el alma y el cuerpo. Así que sin despedirse de nadie, de ninguna persona y de ningún problema, abrió la puerta de su casa, bajó a la roca más cercana al mar, pegó un grito inmenso de libertad, y como cuando era un niño, sacó su caña y se puso a pescar. Mientras lo hacía se dio cuenta de que él no quería pescar un pez sino pescar su felicidad…y sabe Dios si la pescó, que una ola le tragó. Su alma ahora limpia en el fondo del mar, alejada de toda preocupación de la rutina, por siempre vivirá.


2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tu apoyo incondicional. Eres un gran apoyo y un puntal para los que empiezan.
    Un abrazo de la familia de Julio.

    ResponderEliminar
  2. Impresionan: Las historias tras las fotos premiadas en el World Press Photo. http://www.eldiario.es/cultura/ganadores-World-Press-Photo_12_612208775.html

    ResponderEliminar