lunes, 13 de noviembre de 2017

Constelaciones literarias: literatura y nazismo

De las muchas maneras posibles de acompañar la lectura de los títulos propuestos en el aula – en el antes, el durante y el después de la lectura- hay una que se me antoja inexcusable: la conversación. Una de las ventajas innegables de que varias personas coincidan en la lectura de un mismo libro es la de poder dialogar sobre él, intercambiar opiniones y puntos de vista... y permitir también una cierta intervención de los docentes a la hora de desarrollar habilidades de interpretación.

Esta semana han tenido lugar los diferentes coloquios en torno a los libros propuestos para este primer trimestre: El Diario de Ana Frank, Si esto es un hombre, El humo de Birkenau, Paradero desconocido, Reencuentro, Maus.




En ambos grupos la obra más leída ha sido Ana Frank, y en ambos también por una mayoría abrumadora de chicas. La que menos -un lector por clase-, y para mi sorpresa, Maus, una novela gráfica. El ritual ha sido idéntico cada día. Quienes íbamos a participar en el coloquio nos disponíamos en forma de semicírculo al frente de la clase. Mi tarea como moderadora consistía en favorecer que la conversación fluyera lo más espontáneamente posible, ir cambiando de tercio cada vez que el diálogo sobre un punto se agotaba, sacar a colación aspectos aún no tratados, e invitar a reparar en aquello que tal vez les había pasado inadvertido.

En el Diario de Ana Frank la opinión ha sido casi unánime: es un libro muy desigual. Sus lectoras se quejaban de que muchas entradas eran absolutamente irrelevantes y tediosas. Con otras, sin embargo, se identificaban plenamente: las relativas a los cambios físicos y psíquicos de la adolescencia y a las relaciones con los mayores. La historia amorosa apenas les ha interesado y sí les ha impactado conocer el final de Ana y la historia de la publicación de su diario. Todo ello nos ha permitido recuperar los distintos hilos temáticos que se entretejen en la obra y reflexionar acerca de este subgénero narrativo, el diario, que cuenta además con la peculiaridad un tanto insólita en nuestro panorama literario de ser un diario real y no fruto de la invención de un autor o autora. De ahí, evidentemente, la falta de interés que habían percibido en muchas de las entradas. La simutaneidad entre el momento de la escritura y los hechos narrados impide una selección del material narrativo al tiempo que permite asistir al proceso de maduración tanto personal como de estilo de la autora/narradora/protagonista.

Fue luego el turno de Si esto es un hombre, de Primo Levi y El humo de Birkenau de Liana Millu, dos libros  escritos en primera persona por quienes también fueron víctimas de la barbarie nazi, aunque en este caso ambos sobrevivieron a los campos de concentración y la escritura sea algo posterior a los hechos narrados. El hecho de conversar sobre distintos libros que se centran en un mismo universo temático ha favorecido el poder centrar nuestra atención también en aspectos formales. Hemos hablado, por ejemplo, de cómo estos dos autores se inclinan por subgéneros diferentes a la hora de dar salida a su escritura: si en el caso de Primo Levi las escenas y vivencias se agrupan en torno a ejes temáticos, en el caso de Liana Millu la narradora se echa a un lado para ceder el protagonismo de cada uno de los relatos que conforman el libro a una de sus compañeras en Birkenau, de modo que cada una de ellas encarna alguno de los conflictos añadidos que vivieron las mujeres en los campos de exterminio y que no han formado parte hasta ahora del imaginario compartido de lo que fue la barbarie nazi.

De una mujer es también el libro Paradero desconocido, si bien Kressmann Taylor tuvo que echar mano, como tantas mujeres, de un seudónimo masculino. A juicio de su editor, "la historia era demasiado dura para aparecer firmada por una mujer". El coloquio mantenido acerca de esta brevísima novela epistolar ha sido probablemente el más enjundioso. Después de haber hablado acerca de diferentes aspectos del libro -que por otra parte no les había entusiasmado- tuve que pedir a sus lectores que aterrizaran con esta pregunta lanzada a bocajarro: "A ver. La novela es la historia de una venganza. ¿Quién se venga de quién y por qué?". Hubo unos segundos de silencio y perplejidad. No sabían a qué me refería. De repente, un "¡Ahí va!" revelaba que alguien acababa de casar en su cabeza las piezas del puzzle. Con tono algo vacilante algo principio, más convencido después, íbamos asistiendo en directo al chispazo del gozo intelectual reportado por la sensación de haber comprendido, al fin. Para quienes habían leído esta novela, la tensión narrativa había ido en un crescendo hasta llegar a un punto en que les parecía que las cartas se habían vuelto banales e intrascendentes. Descubrir ahora, días después de haber finalizado el libro, que lo que habían tomado por banalidad e intrascendencia no era sino la estrategia de uno de los corresponsales para devolver el daño que había sufrido en carne propia los dejó atónitos. Ni que decir tiene la novela subió muchos puntos en su valoración como lectores y nos permitió ahondar en la insustituible colaboración que de ellos reclaman las novelas epistolares, tan llenas de implícitos y sobreentendidos. De silencios.

Los cuatro títulos anteriores fueron escritos en la inmediatez de los hechos. Si esto es un hombre, El humo de Birkenau y el Diario de Ana Frank fueron publicados en 1947. Paradero desconocido, en 1939. Los dos títulos que habíamos dejado para el final aparecieron más tarde. Reencuentro, publicado en 1960, es también obra de un autor judío que, si bien no fue víctima de los campos de concentración, tuvo que salir de su país, Alemania, en 1933. Como Paradero desconocido, cuenta la historia de una amistad entre dos alemanes, uno judío y otro no judío, y el modo en que este último va paulatinamente abrazando las ideas de Hitler, lo que provoca la ruptura de la relación. Los protagonistas son este caso mucho más jóvenes, y el lenguaje mucho menos directo y coloquial que el de la novela de Kressmann Taylor. A diferencia de Paradero desconocido, se trata de una novela en primera persona que recoge el sentir de uno de los dos amigos -ya no hay identificación autor/narrador, aunque sí narrador/protagonista-. Un inesperado giro en la última página del libro nos obligará a reinterpretar todo lo leído anteriormente, lo que fue también objeto de discusión en el coloquio.

Cerramos la sesiones con Maus, la novela gráfica galardonada con el Premio Pulitzer en 1991. A estas alturas ya estábamos en condiciones de reparar en el doble yo narrativo que filtra el relato y el doble eje temporal sobre el que este se construye: el de la contemporaneidad del autor, Art Spiegelman, y el del pasado de su padre Vladek, superviviente de Auschwitz y cuya historia nos cuenta Art.

Sí fuimos conscientes -y así lo hicimos explícito- de que todos los testimonios recogidos en estos libros provenían de quienes los sufrieron en propias carnes por su condición de judíos, pero no debemos olvidar que hubo otros holocaustos -el de los gitanos, los homosexuales, los enfermos mentales, las personas con alguna minusvalía física o psíquica, los vagabundos, etc.- que apenas han sido contados. De ello hablarán con detenimiento en las clases de Historia.



Berlín. Memorial por el Holocausto del Pueblo romaní.

Pd.- Y una postdata. No, no todos habían leído el libro o los libros elegidos. Un buen número de estudiantes en cada clase había dejado la lectura a medias y había echado mano de resúmenes. Así lo reconocían bien en la primera intervención del coloquio, bien cuando las cuestiones abordadas les obligaban a confesar que no habían llegado a ese punto del relato. ¿Qué hacer en esos casos? ¿Tirarlo todo por la borda llevados por la frustración y el desaliento, o tratar de echar adelante con lo que tenemos? La verdad es que fue por esta segunda opción por la que nos inclinamos. A pesar de los pesares, creemos que las sesiones dedicadas al coloquio sobre lo leído fueron en sí mismas fuente de aprendizaje para todos, incluso para quienes apenas habían leído unas páginas. Y es que, aunque curso tras curso nos empeñemos en buscar nuevas fórmulas para el fomento del hábito lector y la educación literaria, la receta infalible probablemente no existe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario